El parto que me robaron; el parto que soñé


En la semana mundial del Parto respetado 2020 me asombra que aún sean tantas las historias de violencia que sufren muchas mujeres en el momento más importante de nuestra vida de madres: el día que conocemos a nuestros hijos.

Yo tengo dos hijos extrauterinos (y dos estrellas), ambos embarazos programados, anhelados y muy esperados. Me embaracé de Gael a los 37 años recién cumplidos, y durante todo mi embarazo me sentí empoderada e informada.

2015

Recién nos habíamos mudado al campo y decidimos controlar nuestro embarazo en Santiago con el ginecólogo que ya tenía, y que atendía los partos fonasa en una clínica que me pareció con mucha infraestructura y adecuada. Compraríamos el bono PAD y yo tendría un equipo especial para mi parto, eso me dijeron al menos. 

El 25 de setiembre rompí bolsa a las 3 de la mañana y a esa hora comenzamos a prepararnos para viajar a Santiago. Llegamos a la clínica antes de las 6 de la mañana y cuando me revisaron tenía muy poca dilatación; no me devolvieron a la casa solo porque ya había roto bolsa. El matrón que me había controlado las semanas previas y quien atendería mi parto junto a mi médico no llegó ni llegaría, por un problema doméstico. Ese fue el inicio de lo que sería una serie de acontecimientos desafortunados.

Era día viernes recuerdo, y mi ginecólogo tenía consultas médicas hasta mediodía, así que si no era necesaria su presencia, llegaría solo al momento en que ya estuviera a punto de parir.

La matrona que llegó de reemplazo lo primero que hizo fue hacerme tacto, lo que se sintió un infierno, no me imaginé que dolería tanto, le grité para que sacara los dedos. 

En ese momento me di cuenta de que esto no sería como lo había imaginado, mucha gente, mucho ruido, mucha insensibilidad, mucho trámite, y muy poco yo, muy poco nosotros con mi esposo y mi bebé por nacer.

Pasé toda la mañana tumbada en una cama, con mucho dolor, incomodidad y sed. No me dejaron tomar agua, no me dejaron moverme, era invisible y mi presencia solo era notada por mis quejidos de dolor.

Cada vez que llegaba la matrona a hacerme tacto sentía que mi cuerpo tiritaba entero, ¿has sentido que no puedes controlar los temblores de tu cuerpo? Eso me pasaba, todo mi cuerpo temblaba.

Hay cosas que no recuerdo o no estoy segura, como mi poca claridad para determinar si la matrona dio vuelva a Gael en un tacto porque no estaba bien encajado...tengo lagunas. 

Lo que sí recuerdo es que entré a la sala de parto con mucha sed y muy cansada...llevaba acostada desde las 6 de la mañana prácticamente, y ya eran las 2 de la tarde. Entré a pujar por mi hijo y no tenía fuerza.

En la sala de parto recuerdo que había mucha gente, Henry estaba conmigo y yo estaba muy asustada; cero empoderada, totalmente disminuida en fuerza y voluntad.

Recuerdo haber pujado con todas las fuerzas que me quedaban, pero nunca era suficiente; me hicieron episiotomía, antes incluso de comenzar a pujar. Cada vez que Gael coronaba yo no era capaz de mantener la fuerza para que saliera y todo ese esfuerzo se perdía porque Gael volvía a meterse. Fueron demasiados intentos al parecer y yo estaba al borde del desmayo, mi presión se fue al suelo; estaba tan mal que el doctor temió por el bienestar de mi hijo y me dijo que usaría forceps, entre lágrimas recuerdo que le imploré que no, que podría hacerlo….pero no lo lograba. Yo por supuesto no me daba cuenta, pero Henry después me dijo que estaba muy asustado porque había mucha sangre y yo estaba casi desmayada. A las 14.35 hrs nació Gael, con fórceps y casi no recuerdo nada. Solo recuerdo dolor, del cuerpo y del alma. 

Como mi presión estaba tan baja, me dejaron en una sala de recuperación sin mi hijo, quede con otras mujeres recién paridas. A mi hijo se lo llevaron y a Henry no lo volví a ver. Me dijeron que no podía estar con mi bebé hasta que mi presión subiera. Estaba sola ahí (sola emocionalmente) sin mi hijo, sin mi marido, sin saber cómo estaba Gael ni cuándo me sacarían de ahí.

Solo después de 4 horas me llevaron a mi habitación y pude estar con mi bebé. Perdí horas sagradas de apego con mi hijo, me robaron ese momento mágico e irrepetible...esas horas donde logras establecer el primer vínculo con tu hijo fuera del vientre, cuando lo amamantas por primera vez.

Estuve casi dos meses sin poder sentarme bien, y en la intimidad la incomodidad me duró seis meses. El parto de mi hijo me dolió mucho más allá del momento en que nació.

Después de una semana de nacido, Gael estuvo hospitalizado en San Antonio por ictericia, y de hecho fue una ictericia bastante rebelde, porque antes del mes de vida volvió al hospital por 3 días más. Con el tiempo leí que una de las mejores maneras de evitar la ictericia en recién nacidos es amamantarlo tan pronto nace, crear ese vínculo lo antes posible. Estoy convencida de que esa experiencia horrible de tener a un hijo hospitalizado a solo un par de días de haber nacido se lo debo completamente al parto que me negaron. 

2017


Oliver sería porteño de tomo y lomo. Nos costó mucho tomar la decisión. El hospital de San Antonio tiene pésima fama, pero esta vez averigüé y me preparé de manera distinta. La única clínica de la ciudad solo atiende partos programados y yo quería mi parto, mio. Ya tenía 39 años y temía que mi edad fuera el impedimento más grande para tener el parto que deseaba, pero tenía convicción en lo que quería y me sentía preparada. No pasaríamos por lo mismo que vivimos con Gael.

A las 8 de la noche del 13 de abril (jueves Santo) comenzaron las primeras contracciones, pero me sentía bien. Le dije a Henry que aún no, que no era el momento. Nos acostamos; Gael estaba durmiendo con mi mamá en otra habitación. Sabíamos que no pasaría la noche ,así que era mejor que no se diera cuenta cuando nos fuéramos. Curiosamente me dormí, con contracciones y todo. Pero a las 5 de la mañana me despertaron por la intensidad; ya debíamos irnos al hospital.


Llegamos al hospital a las 7 de la mañana; mi parto dependería del turno en el que llegara, y lo único que deseaba es que fuera un equipo joven, sentía que serían más respetuosos. La matrona que me recibió tenía cerca de 60 años y me sentí morir; cuando me dijo que haría tacto para comprobar mi dilación todos mis terrores volvieron, pero había algo distinto. Era otro entorno, había otra energía y traté de relajarme. Casi ni lo sentí y me dijo que estaba en 6 de dilatación. Y me sentí taaan bien. No podía creer que había aguantado tanto y casi sin darme cuenta estaba ya en 6.


A las 8 am entró el nuevo turno, la matrona se despidió y me dijo que el turno entrante atendería mi parto...para mi sorpresa y alegría un equipo completamente joven. Le expliqué a la matrona entrante el parto que quería, que quería caminar, que no quería que me inyectaran nada y que quería un balón. No hubo peros, no hubo negativas. Henry estuvo conmigo en todo momento, caminando conmigo, masajeando mi espalda, a ratos me sentaba en el balón, tomaba agua, incluso comí algunas galletas.

Era una sala grande, donde había 4 o 5 camillas separadas por biombo. Yo era la única que no estaba acostada, que me movía, que caminaba. Pasaban las horas y veía cómo entraban y salían las futuras mamás..y yo seguía ahí. La matrona me dijo que como yo no quería que me inyectaran nada, mi proceso de dilatación era más lento, pero nunca me presionó ni me urgió, y así llegué hasta la noche. Con contracciones cada vez más intensas, que se sentían como oleadas de dolor, pero que de alguna manera podía controlar con respiraciones, el balón y masajes de Henry. Oliver finalmente nació a las 21.15 hrs en un parto tranquilo, donde solo había dos personas a parte de nosotros. No voy a decir que fue fácil, no lo fue. ¡Parir duele, y mucho! Pero yo tenía energía para aguantar, para pujar. Y sentí como emanaba la energía cuando mi hijo estaba naciendo, cuando lo estaba pariendo. Apenas me pusieron un punto, y yo a las horas caminaba y me movía con total normalidad, nadie creía que había parido hacía solo unas horas. 

Desde el momento en que me pasaron a mi hijo en la sala de parto recién parido, jamás nos separamos. Lo único que no pude hacer que deseaba, era que no cortaran el cordón hasta que este dejara de latir, pero Oliver venía con el cordón enrollado, así que apenas asomó la cabeza lo cortaron. Recuerdo prácticamente todo del parto de Oliver. Me sentí poderosa, como nunca antes en mi vida. Me devolvieron el parto que me robaron, el parto que añoraba, el parto que soñé.


En la Semana mundial del parto respetado visibilizar nuestras experiencias de parto es clave para que más mujeres que tomarán la decisión de ser madres en algún momento se sientan empoderadas, fuertes y que son ellas las dueñas de ese momento. Nada te devuelve una experiencia de parto dolorosa para el alma, pero al menos yo tuve la fortuna de reescribir mi propia vivencia.

Gael después de su segunda hospitalización por ictericia

 

Oliver recién llegado a casa con su hermano

Oliver recién llegado a casa con su hermano


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